Y para aquéllos que el título de este blog no les sugiera nada, diré que la esquina que conformaba los antiguos Almacenes El Águila (actualmente ocupada por la sucursal de una entidad bancaria) tuvo nombre y carta de naturaleza propia en el argot cofrade y semanasantero malagueño. Aún hoy, los itinerarios de muchas de nuestras hermandades incluyen ese ángulo de casi 90º situado entre las calles de Méndez Núñez y Granada y sigue siendo un interesante enclave para observar las maniobras que realizan los tronos.


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viernes, 17 de mayo de 2013

Alguna luz sobre nuestra Farola





     Desde tiempos remotos, los faros han guiado a los navegantes en sus travesías cercanas a la costa. Actualmente, pese a las nuevas tecnologías como el radar y el GPS, siguen siendo importantes puntos de referencia para el tráfico marítimo.
    Al margen de su concepto claramente utilitarista, los faros constituyen elementos distintivos entre sí en lo tocante a un lenguaje que a los profanos en la materia no nos dice nada, pero que los marinos saben interpretar y así quedan reflejados en las cartas naúticas. Por razones lógicas, se encuentran todos ellos ubicados en enclaves especiales de la topografía costera y, me atrevería a decir, que dichas localizaciones han experimentado pocos cambios a lo largo de la historia de la navegación. Los hay cuyo objetivo, amén de situar siempre una posición concreta,  es remarcar lugares de especial riesgo y así se encuentran diseminados a lo largo y ancho de toda la geografía.
    La particular situación de Málaga, por su proximidad al estrecho de Gibraltar, siempre ha representado una importante referencia marítima para los navegantes a través de todos los tiempos. Del mismo modo, su amplia bahía con su puerto, constituye un lugar seguro y de refugio ante la eventualidad de temporales, hoy menos inesperados, gracias a unos partes meteorológicos cada vez más sofisticados y precisos.
    De cualquier forma, se tiene constancia de que Málaga siempre ha contado con luminarias que han servido de guía en la negra oscuridad del mar. Si bien todo apunta a que las primitivas señales lumínicas procedían del promontorio natural de Gibralfaro, posteriormente éstas se trasladaron a una posición más baja en el terreno, pero más próxima al mar. Con anterioridad a 1815 existía una grúa de madera de la que pendía un modesto farol; sabemos que, a menudo, el encargado del mantenimiento de dicho fanal, en aras del ahorro del aceite que servía de combustible, lo apagaba con las consiguientes quejas y naturales improperios de los capitanes de embarcaciones. Para remediar tal situación, la Ciudad, de una vez por todas, decidió acometer la construcción de un elemento más seguro y acorde con los nuevos tiempos imperantes. Se encargó a un coruñés, ingeniero de la Armada por más señas,  Joaquín María Pery y Guzmán, la dirección de las obras de edificación de la Farola de Málaga. Dos años (1816-1817)  serían suficientes para la ejecución  del que hoy, sin lugar a dudas, es un elemento con señas de identidad propias. Originalmente, se alimentaba con leña traída de las Atarazanas y su cúpula era de cobre, siendo sustituida ésta posteriormente por el cristal.  
    Pertenece la Farola al tipo de faro de recalada o arribada a puerto marítimo; actualmente, también sirve como ayuda y baliza para el tráfico aéreo y se encuentra a 38 metros sobre el nivel del mar y a 33 metros sobre el suelo. Desde su construcción ha sufrido distintos percances por causas varias; una de ellas, el terremoto que sacudió a la ciudad en 1884, inutilizó su mecanismo, hasta que en 1913 se arregló éste, así como su óptica, quedando definida su característica señal luminosa de 3+1 destellos cada 20 segundos, con un alcance visual de 25 millas naúticas en condiciones óptimas. Una lámpara de 1500 watios, gracias a sus lentes, consigue que el haz de luz salga multiplicado y alcance una potencia superior a los tres millones. Se hace necesario subir 168 escalones para realizar comprobaciones acerca del estado de la lámpara y control de la maquinaria, aunque esas labores se han ido automatizando cada vez más.
    Ha sufrido algunas remodelaciones en su conjunto exterior para hacerle ganar altura (1909 añadido de un piso). El 28 de diciembre de 1911, la portada del periódico “La Unión Ilustrada” la mostró totalmente desmochada a causa de una ola gigante; tal inocentada provocó que más de un lector corriera atónito en dirección al puerto. Importantes sí fueron los daños sufridos durante la guerra civil, debiendo ser reconstruida en 1939. Como detalle curioso, decir que, durante la misma, la Comandancia de Marina, todavía a las órdenes del Gobierno de la República, mandó que se apagara, dado que su silueta podía servir de referencia inequívoca para los ataques aéreos y marítimos del ejército sublevado. Del mismo modo, se decidió pintarla de color tierra con manchas claras y oscuras para contribuir a su camuflaje.
    Por último, cabe señalar que a ningún malagueño, que se tenga por tal, se le ocurriría llamar faro a nuestra farola. Es el único en nuestro territorio peninsular que recibe esa denominación femenina; posiblemente, su peculiar forma menos estilizada y sí más redondeada (cual bata de cola), sea la razón o quizás nuestra habitual tendencia a femineizar todo lo bonito y atractivo de esta tierra nuestra. Al hablar de este tema , es obligado mencionar que existen dos farolas españolas más, cada una en nuestros archipiélagos : “Sa Farola” (La Farola) en Ciudadela, Menorca y “La Farola del Mar” en Santa Cruz de Tenerife, Canarias. Esta última cantada en una célebre isa, que también refleja  la escasez del gas que debió en el pasado impedir, de vez en cuando, su natural lucimiento. (Si esta noche no alumbra…).
    





En el pasado






Vigía de la costa






                                                    Luciendo espléndida en la noche






El photoshop no es nuevo





                                                            `Sa Farola´ Ciudadela (Menorca)





"La Farola del Mar" Sta. Cruz de Tenerife 



                                         


Repertorio de Isas

martes, 7 de mayo de 2013

El fuego de la sinrazón


     11 de mayo de 1931. Aún no ha transcurrido un mes de la proclamación de la II República. En la Regla 3ª del estatuto Jurídico del gobierno Provisional, promulgado el mismo día 14 de abril, y hecho público al día siguiente en el diario oficial, la gaceta de Madrid, se proclamó la libertad de cultos:

    "El Gobierno provisional hace pública su decisión de respetar de manera plena la conciencia individual mediante la libertad de creencias y cultos, sin que el Estado, en momento alguno, pueda pedir al ciudadano revelación de sus convicciones religiosas".

     Así las cosas, el 24 de abril el nuncio apostólico Federico Tedeschini envió un telegrama a todos los obispos en el que les transmitía el "deseo de la Santa Sede de que recomendasen a todos los sacerdotes, a los religiosos y a los fieles de sus diócesis que respetasen los poderes constituídos y obedeciesen a ellos para el mantenimiento del orden y para el bien común".
    El 10 de mayo de 1931 en Madrid empezaron los primeros signos de tensión y enfrentamientos callejeros. El primero en el equipo del Gobierno en adivinar el peligro que se cernía fue Miguel Maura, Ministro de Gobernación, quien comunicó al Presidente Niceto Alcalá Zamora y al Ministro de la Guerra Manuel Azaña haber recibido información, a través de un capitán del ejército, de que algunos jóvenes del Ateneo de Madrid estaban preparándose para quemar edificios religiosos al día siguiente, a lo que Azaña contestó que eran "tonterías" y que, en el supuesto caso, sería una muestra de "justicia inmanente".
     La "justicia inmanente" comenzó en la Residencia de los Jesuitas el 11 de mayo. La casa profesa de esta orden ardía mientras el Gobierno estaba reunido, el cual volvió a desoir las recomendaciones de Maura sobre desplegar a la Guardia Civil. Azaña llegó a manifestar entonces que " todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano", amenazando con dimitir "si hay un solo herido en Madrid por esa estupidez". Más tarde Maura diría que a otro ministro le hizo gracia que fuesen los jesuitas los primeros en pagar "tributo" al "pueblo soberano".Sin duda, la pasividad del gobierno permitió que las turbas quemaran más de una decena de edificios religiosos en Madrid y con ellos desaparecieron obras de arte de incalculable valor. 
     Ésta fue, a grandes rasgos, la chispa que, al día siguiente martes 12 de mayo, como una epidemia marcó a sangre y fuego buena parte del territorio nacional. Mientras  Madrid recuperaba rápidamente la calma, muchas poblaciones del sur y del este experimentaban el odio y el escarnio bajo las llamas voraces de la estulticia y la más absoluta de las barbaries.Los sucesos más graves se produjeron en Málaga. El saldo total, en lo artístico, irreparable e imposible de cuantificar.
    Han corrido ríos de tinta y se han escrito muy buenos y documentados libros al respecto, a los que siempre el lector interesado puede dirigirse, si lo desea. Mi pretensión acaba aquí; a partir de ahora, aunque de manera sintética, hablarán las imágenes y sobrarán las palabras. Un deseo final: que aquellos tristes y vergonzosos sucesos sirvan para que no se vuelvan a repetir.









                                     
                                                     Mapa de las localidades más afectadas











Ejemplo de mofa y escarnio de los milicianos






Interior de templo






                                                                  Iglesia de la Merced






Iglesia de la Merced





                                                                  Palacio Episcopal





                                                                Iglesia de San Juan





Iglesia de Santo Domingo



     Razones muy poderosas y fuertes tenían don Gregorio Marañón, don José Ortega y Gasset y don Ramón Pérez de Ayala que, sin abdicar un ápice de sus ideas republicanas, no tuvieron el menor reparo en escribir y firmar que “ Quemar conventos e iglesias no demuestra verdadero celo republicano, espíritu de avanzada, sino más bien un fetichismo primitivo o criminal”.


viernes, 19 de abril de 2013

C-3

   No. Decididamente, y en contra de lo que pudiera pensarse a primera vista, no pretendo referirme a un conocido modelo de marca de automóvil; ni tan siquiera, se trata de un incompleto movimiento ajedrecístico, nada más lejos. Sin embargo,  esta letra y este número encierran, a modo de mensaje críptico, un fragmento de la historia relativamente reciente de nuestra ciudad.  Algunos
de los que leen estas líneas posiblemente ya vislumbren a qué me refiero.
   Efectivamente, el misterio no es otro que el objeto que se halla sumergido a 70 metros de profundidad  y a unas cuatro millas al SE de nuestra inconfundible farola de Málaga. Se trata de un submarino de 73 metros de eslora y 6,3 metros de manga de la denominada entonces clase C. A modo de breve semblanza, diremos que se inició su construcción en los astilleros de Cartagena el 5 de mayo de 1924; su botadura fue el 20 de febrero de 1929 y fue asignado al Alto Mando Naval el 4 de mayo de 1929.
   ¿Qué circunstancias concurrieron para que este artefacto submarino de 1000 toneladas de desplazamiento, que hubiera hecho las delicias de Peral y de Monturiol, acabase funestamente en el lecho marino?
   Corría el año 1936, los albores de nuestra malhadada Guerra Civil. Por aquél entonces, doce sumergibles en activo constituían la flota de submarinos de la República ( aunque ese número pronto quedaría reducido a diez tras el hundimiento del B-5 y el B-6). El C-3 era uno de ellos, y todos ellos tenían como objetivo común localizar, interceptar y hundir al Acorazado "España" y al Crucero "Almirante Cervera", barcos en poder de los sublevados.
   El 15 de agosto, al C-3 se le ordena trasladarse al Cantábrico, pero el submarino sufre una avería frente a las costas de Portugal, que le obliga a volver a Cartagena. Una vez reparado, el 23 se halla de nuevo en Málaga dispuesto a partir hacia el Norte. Durante las semanas siguientes patrulla por el Cantábrico, y, sin realizar ninguna acción de guerra, el 2 de octubre con una importante avería que le produce la pérdida de un motor diesel, recibe la orden de dirigirse a Tánger, y , finalmente, de nuevo a la base de Cartagena.
   Aún sin reparar, el C-3 zarpa el 10 de diciembre con destino a Málaga, no sin antes detenerse brevemente en Almería al objeto de desembarcar una piezas defectuosas, pasando la noche del 11 al 12 de diciembre sumergido a la entrada de nuestro puerto. Por la mañana recibe la orden de permanecer de patrulla sin entrar en él.
   A las 14:00 del 12 de diciembre de 1936, el submarino navega en superficie a escasas cuatro millas al SE de la farola. Considero conveniente que a partir de aquí sean los informes oficiales los que reflejen lo acontecido...."el turno de comida ha acabado y los marineros Isidoro de la Orden Ibáñez y Asensio Lidón salen a la cubierta de popa para arrojar por la borda los desperdicios.En la torreta o vela se encuentra el comandante Antonio Arbona Pastor acompañado del capitán de la Marina Mercante, D. Agustín García Viñas, adscrito a la Armada como oficial de derrota del submarino. Cerca del C-3 se encuentra el guardacostas "Xauen" relevando a la lancha I-4 de la Tabacalera en sus labores de vigilancia. En las inmediaciones faenan los pesqueros "Joven Antonio" y "Joven Amalia" pescando boquerón.
   A las 14:19 el C-3 se estremece de forma violenta; una llamarada y una densa nube de humo blanco acompaña a este hecho. De forma casi instantánea, el submarino se hunde dejando a flote tan sólo al capitán García Viñas y a los marineros de la Orden y Lidón, que luchan por no ser arrastrados al fondo. El hundimiento es tan rápido que ningún hombre de los 37 que permanecen en el interior logra salir.
   En la superficie, una mancha de fuel marca el lugar donde se produce la tragedia. La nube blanca se disipa y tres hombres se debaten en el agua. Poco tiempo después serán rescatados por uno de los pesqueros que faenan en la zona y trasladados al buque hospital "Ártabro", fondeado en el puerto de Málaga".
   Esos son los hechos. Las causas son harina de otro costal, porque parecen existir distintas versiones. Según el informe del propio Jefe de la Flotilla de Submarinos, Remigio Verdia Joli, la tragedia la había causado una explosión interna: " Considero debe descartarse por completo la idea de que el buque fuera torpedeado por las siguientes razones: 1º No se observó la columna de agua de 60 u 80 metros como la que produce un torpedo.2º No se puede demostrar que la explosión fuera grande porque, entonces, todos los testigos de dentro y fuera del submarino la hubieran claramente percibido.3º Ninguno de los que estaban en el puente vieron estela ni periscopio.4º Ninguno de los pescadores de las proximidades lo vieron tampoco.5º Sobre las cabezas de los naúfragos no cayeron restos de la explosión".
   Sin embargo, a la explosión fortuita interna hay que sumar otras especulaciones tales como un torpedo disparado por el submarino alemán U-34 (Operación Úrsula) , que pudo no explotar, pero sí abrir una vía de agua, que ocasionó el hundimiento del C-3 o la de un sabotaje interno. En cualquier caso, fuera lo que fuera, lo único cierto es que el submarino yace a 70 metros de profundidad y con él reposan los restos de 37 marinos españoles.
    Hoy en día todo indica que, efectivamente, el C-3 fue hundido por el antedicho submarino U-34, mandado por el Käpitanleutnant Harald Grosse, acción por la que fue condecorado con la "Goldenes Spanienkreuz" (Cruz Española de Oro)." El U-34 buceaba a hurtadillas por Málaga mientras el C-3 reposaba en superficie ajeno a todo. Lo alemanes dispararon, celebraron su masacre y huyeron de su rapiña secreta por España cruzando el Estrecho. Para Nochebuena ya estaban en su base. Días después, se interceptó un comunicado del comandante nazi que se jactaba de haber hundido un submarino español frente a Málaga. O sea, Alemania en guerra contra España sin haberla declarado". Estaríamos, pues, posiblemente ante la primera acción del ejército nazi contra el entonces Gobierno legítimo español, meses antes del bombardeo de Guernica.
Muchos años después, los familiares de la víctimas solicitaron a Federico Trillo, a la sazón Ministro de Defensa, que elevara una demanda a Alemania por daños y perjuicios en virtud del acto de piratería cometido, habida cuenta " que el Tratado de París de 1907 establece que no se puede actuar en territorio de un país contra el que no se está en guerra, y además, afirma que el hecho no prescribe". Algo es seguro, que el asunto no llegó a buen puerto.
¡Líbreme Dios, de enarbolar la tan traída y llevada memoria histórica, que tantas heridas reabre! Amigo soy del estudio y conocimiento de la historia, grande y pequeña, porque ello, entre otras cosas, podría evitarnos tropezar con la misma piedra (es verdad, tenéis razón, no es siempre la misma), pero de ahí a que tengamos que reabrir forzosamente dolorosos procesos inacabables en el tiempo retrógrado, va un abismo.
Lo que sí es cierto es que si Málaga en 1900 ayudó a los naúfragos de la fragata alemana "Gneisenau" y, gracias a ese gesto, Alemania regaló el famoso "Puente de los alemanes" a la ciudad en 1907, tres décadas más tarde la historia iba a jugar en nuestra contra; tampoco hoy, sinceramente, creo que la Sra. Merkel esté por hacer una gracia.
Permitidme un último dato curioso, amén de espeluznante, extraído del diario ABC, "muy propio" de la nación inventora del submarino:
"La crisis no perdona ni siquiera a la Armada, que ha visto reducido el número de sus submarinos operativos a dos, lo que supone una disminución de hasta la mitad de la flota. Concretamente, esta situación se ha producido después de que una de las unidades, el «Siroco», fuera dada de baja el pasado junio y de que el presupuesto del año próximo no contemple la gran revisión a la que se deberá someter dentro de poco el «Tramontana» (con un coste de 30 millones de euros).
De esta manera, España permanecerá sólo con dos submarinos disponibles (el «Galerna» y el «Tramontana», con una media de 27 años de edad) a la espera de que se incorpore la nueva flota que está siendo construida por «Navantia», un programa de más de 2.000 millones de euros. La Armada espera que el primero de los nuevos sumergibles esté operativo en 2016, el mismo año que tendrá que darse de baja uno de los dos submarinos de la actual flota, el «Galerna». El tiempo apremia.
La situación actual del Arma Submarina contrasta con la de los últimos años del siglo XX y primeros del XXI, cuando la Armada llegó a contar con ocho submarinos: los cuatro de la serie 70 y los de la anterior serie S-60, que se dieron de baja entre 2003 y 2006. Y, además, no parece que vaya a ir a mejor, pues
Un retraso en los pagos podría dejar a la flota con sólo un submarino
De hecho, es posible que, si la entrega no se realiza a tiempo, la flota de sumergibles quede reducida durante algún tiempo a una única unidad. Si se produjesen retrasos en la entrega del S-81, dada la complejidad de la construcción, que lo llevaran más allá de 2016 las Fuerzas Armadas se quedarían con un sólo submarino operativo"
ABC 20/10/2012


























miércoles, 17 de abril de 2013

El pozo Airón

   Posiblemente se trate del vestigio histórico más antiguo de Málaga, salvedad hecha de los célebres dólmenes de la vega antequerana.  Me refiero concretamente al pozo que se encuentra en el castillo de Gibralfaro, que domina como un vigía nuestra Ciudad.



Año 1920

   De todos es sabido, que, para toda fortaleza o castillo que se preciara, era indispensable, o cuando menos conveniente, la presencia de fuente, manantial o pozo que permitiera acceder a la población al recurso del agua; de manera especial, en situaciones de asedio o rigores caniculares. Pues bien, como digo, Gibralfaro no constituye la excepción, dado que posee un profundo pozo de 36 metros, que servía como receptáculo del importante elemento vital. Según los entendidos en la materia, el pozo en cuestión es de la época griego-fenicia. Así pues, nos encontramos ante uno de los elementos originales más antiguos de la fortaleza, posiblemente coetáneo del faro o luminaria que todos apuntan que debió presidir la colina y que, en definitiva, dió nombre a la misma, Jebl-Faruk.
   Hace ya muchos años, escuché de boca de una persona muy mayor entonces y muy castiza en su habla una expresión que me sorprendió : ..".este niño es el pozo airón". Deduje que se refería a que el infante tenía un pozo sin fondo por estómago; pero el término airón me sorprendió por desconocerlo. Hoy, finalmente, se ha constituído para mí en mayúscula.
  Si consultamos en el diccionario de la RAE el sustantivo pozo encontraremos que, asociado al nombre propio Airón, significa: Pozo o sima de gran profundidad. Coloquialmente, lugar donde si algo se pierde, desaparece sin que haya esperanza de recobrarlo, o se olvida.
   ¿Qué era, o mejor dicho, quién era Airón? Buscando en el Espasa de nuestra era informática, hallé la respuesta. Airón fue un dios indígena, posiblemente de origen céltico, que estaba arraigado en nuestra Hispania prerromana. Curiosamente, el culto a este dios fue respetado por los romanos y se vincula con aguas profundas (ubicadas en pozos y lagunas) y también con simas, existiendo una relación directa entre Airón y el inframundo.
Continuando con la búsqueda, averiguo que todos los topónimos conocidos como "pozo Airón", ya se refieran a pozos, lagunas, simas, cascadas, ríos, fuentes o parajes, tienen relación directa con este dios cuya antigüedad probablemente se remonte al neolítico; si bien, es verdad que el término puede aparecer a menudo disfrazado en otros nombres: pozairón, pozo Hirón, pozirón, pozo Lirón, etc.
   Merece la pena citar textualmente al respecto un comentario del profesor y erudito D. Alberto J. Lorrio: ..." existe un ara de piedra calcárea dedicada al deus Aironis, en las proximidades del manantial llamado Fuente Redonda, localizado al oriente de la localidad conquense de Uclés, que ha permitido documentar el culto en época altoimperial a una divinidad indígena de carácter acuático y salutífero, posiblemente celtibérica de acuerdo con su etimología, relacionada con el nacimiento de un manantial, a la que se daría culto en la fuentes."



Ara de Uclés destinada al dios Airón 

   Así pues, y con todos estos elementos, no cabe duda de que Málaga, y concretamente su castillo, que a lo largo de la historia ha desempeñado un importante papel de atalaya defensiva, tiene su propio pozo Airón, integrando uno de los 101 topónimos semejantes hallados en España, a los que se han de añadir 6 en Francia, 8 en Portugal, 1 en Italia, 1 en el País de Gales, 1 en Méjico y otro en Brasil. Tal es así, que en Wikipedia podemos encontrar un interesante mapa que refleja dicho topónimo en nuestro suelo patrio.



Mapa topónimo Airón



                                               Interior castillo Gibralfaro



Vistas desde Gibralfaro